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El rechazo a los data centers ya tiene su mascota: conozcan a Bezzy

El muñeco, diseñado con la forma de un rack de servidores, reproduce el molesto ruido grabado por residentes adyacentes a un centro de datos en Virginia.

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Wilson Vega

·5 min de lectura

El rechazo a los data centers ya tiene su mascota: conozcan a Bezzy

En muchos sentidos, un centro de datos es como un matadero. A la hora de consumir sus productos, el usuario promedio agradece que existan. Sin embargo, la generalidad de los consumidores suele mostrarse mucho menos abierta a recibir uno al lado de su casa. En ese particular, que ya enfrenta a comunidades, empresas y gobiernos, el impacto de la inteligencia artificial, usualmente abstracto y remoto, se materializa para convertirse en una disputa colectiva.

Las razones son sencillas, pero variadas: estas enormes instalaciones industriales aumentan las facturas eléctricas locales, sobrecargan las redes eléctricas públicas y por lo general ofrecen muy pocos empleos permanentes mientras enriquecen a empresas tecnológicas externas. Un informe reciente de The Atlantic señala que la oposición pública a la construcción de centros de datos locales ha aumentado a medida que la inteligencia artificial (IA) impulsa un enorme auge de la construcción.

De esa oposición surge el proyecto de sátira comercial ‘Adopt a Data Center’, desarrollado por el estudio neoyorquino Basura -sí, ese es su nombre- en colaboración con Alan Wilkis, creador del proyecto musical Big Data. Su mascota es un muñeco de peluche llamado Bezzy, que proyecta de manera literal la incomodidad auditiva y energética de la infraestructura digital sobre la que navega la IA.

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“¡Tenemos una alerta adorable! ¡Es Bezzy, tu adorable y abrazable amigo antropomorfizado de peluche! Aprétalo y te cantará su canción característica: los chillidos ambientales penetrantes y rechirriantes que emiten un auténtico centro de datos estadounidense”.

Así es: El muñeco, diseñado con la forma de un rack de servidores y equipado con un altavoz interno, reproduce el ruido grabado por residentes adyacentes a un centro de datos en Virginia. Baste decir, es molesto.

Aunque la edición física del peluche está limitada a veinte unidades con un precio comercial de 99 dólares, el verdadero objetivo del sitio que lo vende es direccionar el flujo de usuarios hacia un portal digital donde se desglosan indicadores sobre la distribución territorial de los centros de procesamiento.

Cómo suena la IA

La propuesta técnica de Basura parte de una premisa concreta registrada en decenas de entrevistas a ciudadanos afectados por estas instalaciones. El audio del muñeco replica el zumbido continuo provocado por los sistemas de enfriamiento masivo de los servidores informáticos, un fenómeno auditivo similar a una alarma automotriz permanente, un murmullo sostenido, invariable, que no se detiene nunca porque la IA no lo hace.

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De acuerdo con informes del Departamento de Energía de Estados Unidos, los centros de datos consumen actualmente cerca del cuatro por ciento de la electricidad total del país, una cifra proyectada para alcanzar el nueve por ciento antes del cierre de esta década. Esta aceleración en el consumo eléctrico obedece directamente al entrenamiento y despliegue de modelos de lenguaje a gran escala, cuyas demandas de potencia computacional superan ampliamente a los servidores de almacenamiento tradicionales.

Las complicaciones operativas de esta infraestructura abarcan tres dimensiones principales:

  • La expansión de la capacidad de generación eléctrica mediante combustibles fósiles para cubrir los picos de demanda ininterrumpida.
  • La congestión de las redes locales de transmisión en zonas densamente pobladas por servidores, como el condado de Loudoun en Virginia.
  • El impacto acústico constante producido por los chillers o enfriadores de agua industriales y los ventiladores de flujo axial.

Virginia concentra la mayor densidad de centros de datos del planeta, gestionando una porción sustancial del tráfico global de internet. En este estado, la proximidad de los edificios informáticos a vecindarios residenciales generó tensiones legislativas sobre el zonificado urbano. Los habitantes reportan que la contaminación acústica de baja y alta frecuencia interrumpe el descanso y afecta el valor de las propiedades, mientras que las empresas locales de servicios públicos deben recalcular la capacidad de sus subestaciones para evitar colapsos en la red.

Recientemente, los residentes de un suburbio de Memphis, Tennessee, demandaron al CEO de xAI, Elon Musk, por la contaminación sonora de sus servidores en la zona, según un reporte de NPR. Estudios médicos sugieren que la cercanía de zonas residenciales a grandes infraestructuras de data centers puede conllevar efectos de salud y que megacentros como los construidos en los últimos años en EE. UU. generan tanto calor que pueden elevar la temperatura de las zonas circundantes en hasta dos grados en promedio.

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