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Almudena Curero: 'La IA es una herramienta que genera gran innovación, pero tenemos que poner el foco en su uso ético'

Entrevista con Almudena Curero, Associate Partner del departamento de Legal Compliance de KPMG Abogados España, conferencista internacional de LAFT América 2026.

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Wilson Vega

·5 min de lectura

Almudena Curero: 'La IA es una herramienta que genera gran innovación, pero tenemos que poner el foco en su uso ético'

Una amenaza se cierne sobre las empresas que se esfuerzan por cumplir la ley mientras navegan las a veces turbulentas aguas de la adopción de nuevas tecnologías, como la IA. Incluso antes de que exista una sanción o una sentencia judicial, el daño reputacional es una posibilidad concreta. Blindarse ante ese riesgo es, más que importante, urgente.

Así lo advierte Almudena Curero, Associate Partner del departamento de Legal Compliance de KPMG Abogados España, quien participó como conferencista internacional de LAFT América 2026, el principal encuentro regional sobre cumplimiento, prevención de riesgos y transparencia empresarial, organizado por Asojuegos.

Durante su conferencia ‘Juego Limpio: la importancia del compliance en el ámbito empresarial desde una perspectiva internacional’, Curero expuso cómo los programas de compliance han evolucionado más allá de la prevención de delitos para convertirse en herramientas de gobierno corporativo, ética empresarial y generación de confianza en los mercados.

También examinó cómo el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, una norma pionera vigente desde 2024, que clasifica los sistemas de IA según su nivel de riesgo y establece requisitos específicos para empresas y organizaciones, puede servir como marco de referencia para compañías latinoamericanas que buscan adoptar estándares internacionales de buenas prácticas, incluso en países donde todavía no existe una regulación específica, como Colombia.

Desde Madrid, horas antes de emprender su viaje a nuestro país, Curero habló con AI INSIDERS.

El campo de juego

-Para quienes cubrimos la IA; resulta medio irónico ver que es, a la vez, amenaza y factor de defensa. ¿Desde el compliance, cómo se enfrenta esa dualidad?

La IA es una herramienta que genera una gran innovación, pero como toda herramienta tenemos que poner el foco en su uso ético. En ese sentido coincido mucho con el planteamiento del legislador europeo, que lo que ha hecho es poner el foco en continuar con la innovación -no podemos parar el desarrollo-, pero establecer unas reglas, un campo de juego sobre los usos de esta inteligencia artificial.

-En estos temas de reglamentación de la tecnología, de la fabricación misma de dispositivos a las redes sociales y, ahora, la IA, la Unión Europea parece ser el referente mundial. La duda es: ¿Podemos realmente aplicar en América Latina un marco regulatorio pensado para Europa?

Lo que se intenta es fijar unos pilares básicos, que sí que creo que se podrían extrapolar a América Latina. Al final, el objetivo de la regulación europea no es tener que elegir entre innovación o protección de los derechos fundamentales, sino crear las condiciones idóneas para que esta innovación resulte confiable.

-La realidad en estos temas es que la norma siempre va detrás, a veces muy detrás, de la innovación. ¿Cómo se le da enfoque a una intención regulatoria para un campo en el que el piso se mueve todos los días?

Como en los enfoques tradicionales de compliance: con un enfoque basado en el riesgo. Este enfoque establece tres sistemas básicos de clasificación de los usos de IA: unos que están absolutamente prohibidos, por considerarlos contrarios a los derechos fundamentales a la salud y a la seguridad. Entre ellos te pondría ejemplos: el reconocimiento de emociones en determinados entornos, como los lugares de trabajo o los centros educativos; la identificación biométrica en tiempo real en espacios públicos; o algo que preocupa también al legislador, que es la manipulación del comportamiento. Independientemente de cómo avancen o no estos sistemas, cualquier sistema que vaya contra este tipo de cuestiones, estaría prohibido.

Luego se establece un sistema de riesgo alto, donde se encuentran cuestiones no propiamente prohibidas, pero que al ser de un riesgo mayor se deben utilizar de la forma adecuada. Entre ellos en educación, modelos o sistemas que corrijan los exámenes, herramientas que deciden qué alumnos son admitidos o no, algoritmos que evalúan los rendimientos académicos. No son sistemas prohibidos como en el caso anterior, pero son sistemas que la Unión Europea considera de riesgo alto. Da igual cuál es el eje que utilicemos o el programa que utilicemos para todos estos casos, se consideran de riesgo alto y en consecuencia hay que establecer unas cautelas.

-Ya es bastante malo que haya una tecnología como un deepfake.
Pero también es malísimo que la gente no tenga todavía el chip para filtrar contenido potencialmente engañoso. ¿Cómo encaja en su modelo el factor humano y la necesidad de formación de cara a toda esta serie de riesgos?

El reglamento europeo pone el foco en la transparencia. Cuando se utilicen recursos de IA debemos estar informados y debemos poder reconstruir cómo se llegó a producir esta intervención de la inteligencia artificial. En consecuencia, esta transparencia que, insiste el legislador europeo, no solo implica informar cuando se haya utilizado cualquier tipo de IA, sino también explicar a los ciudadanos cómo ha intervenido y qué consecuencias ha producido. Así se cuida exista un conocimiento del uso de estos sistemas y modalidad o el grado de influencia para tomar decisiones informadas.

-¿Cuál es el camino para las empresas? ¿Necesariamente todos van a tener que contratar un oficial de compliance?

El compliance officer puede ser una figura, pero puede haber otras. La inteligencia artificial viene para ayudarnos, para progresar, para continuar innovando, pero debemos tener claros ciertos límites, ciertos usos que pueden considerarse no éticos y que, en consecuencia, deben estar gestionados. El compliance officer es una figura que tiene un papel esencial en lo que llamamos los modelos de compliance de tercera generación. Es decir, aquellos modelos que no solo consisten en acreditar la eficacia de los mismos, sino también gestionar la gobernanza de las decisiones y específicamente de las decisiones que se puedan llegar a tomar con ayuda de la IA.

Lo que estamos viendo es que se utilicen los sistemas de IA para ayudar a gestionar los riesgos que se hayan podido identificar y monitorizarlos. Otro uso que estamos viendo bastante innovador es la gestión de los canales éticos y en concreto el triage. Hay organizaciones que reciben innumerables comunicaciones a través de los canales de denuncia y hay sistemas de IA, que nos ayudan a la preselección de esas comunicaciones.

Pero más allá de todo eso, se necesita que haya una revisión por parte de una persona que vea cuál ha sido la preselección realizada por ese agente de IA y corrobore o no la propuesta de decisión que nos puede hacer la IA. Por eso te diría: siempre adelante con la innovación, con el progreso, pero desde una perspectiva ética. Y ahí los compliance officers, sean de pequeñas, medianas o grandes empresas, tienen mucho que decir.

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